La estadounidense Kelly Anderson decidió clonar a su gato Chai tras su inesperada muerte en 2017. El proceso le costó $25,000 y tardó cuatro años más de lo previsto, pero el resultado fue un animal con personalidad distinta al original, consigna una publicación de El Nuevo Herald.
Anderson, administradora de redes sociales en Austin, había desarrollado un fuerte vínculo con su gato ragdoll durante la universidad, en una etapa en la que enfrentaba depresión y problemas de salud mental.
Chai murió a los cinco años tras ingerir un trozo de plástico. Aunque fue operada para retirarlo, sufrió una reacción adversa a la anestesia y no volvió a responder cuando Anderson llegó a recogerla al veterinario.
Antes de su muerte, Anderson ya había investigado sobre la clonación de mascotas y contactó con una empresa especializada para preservar el legado de su mascota.
Hoy documenta su experiencia en redes sociales y en su sitio web, donde explica que, aunque el nuevo gato comparte el ADN de Chai, su comportamiento y vínculo emocional resultaron muy diferentes.

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