La ministra de Educación de El Salvador, Karla Edith Trigueros —médica y capitana del Ejército—, ha lanzado un conjunto de normas que transforman las primeras horas del día escolar en ceremonias de disciplina y civismo en todos los centros públicos del país. Estas disposiciones, que ya se ejecutan desde el 20 de agosto, buscan reforzar el orden en las aulas y fortalecer la identidad nacional.
Entre las acciones inmediatas, los directores escolares deben recibir personalmente a los estudiantes en los portones cada mañana, revisando que cumplan con uniforme limpio, presentación ordenada, calzado lustrado y un corte de cabello “adecuado”. Se prohíben estilos como el mohicano o el “corte hongo”, considerados inapropiados bajo estas nuevas reglas de presentación.
A partir del 1 de septiembre, se implementarán los denominados “Lunes Cívicos”: los inicios de semana comenzarán con actos solemnizados dedicados a reforzar el civismo. Estos incluirán izada y retiro de la bandera, entonación del himno nacional, oración a la enseña patría y una breve ponencia estudiantil sobre un personaje histórico o hecho relevante. Las escuelas contarán con un aporte de 300 dólares para insumos simbólicos necesarios para estas ceremonias.
Además, la ministra ha aprobado el “Reglamento para la Promoción de la Cortesía Escolar”, que establece un sistema de deméritos por omitir expresiones básicas de respeto como “Buenos días”, “Por favor” o “Gracias”.
Las faltas se acumulan y pueden acarrear advertencias, tareas formativas, pérdida de privilegios o, en casos extremos con 15 deméritos, la no promoción de grado. Sin embargo, se incluyen mecanismos de redención (como expresiones ejemplares o apoyo en actividades escolares), y reconocimientos a los estudiantes o secciones sin deméritos al final de cada mes.
Estas medidas han suscitado reacciones divididas. El gobierno y algunos padres las respaldan como necesarias para retomar el control en las escuelas y promover valores cívicos en un contexto donde la disciplina había sido debilitada. Sin embargo, sectores educativos, sindicatos y organismos de derechos humanos critican lo que consideran una militarización del sistema educativo, advirtiendo sobre la imposición de disciplina sin abordar problemas estructurales ni promover soluciones pedagógicas.

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